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Ángel Barrios
 

COMPOSITOR Y DIRECTOR DE BANDA


ÁNGEL BARRIOS

Ángel Barrios Fernández fue un compositor de vocación sinfónico que tuvo una excepcional formación musical y una facilidad innata para la música que era objeto de sana envidia por parte del propio Manuel de Falla, amigo íntimo de Barrios y padrino de su hija Ángela. Nacido en Granada el 4 de enero de 1882, Ángel Barrios era hijo de uno de los personajes más típicos de la Granada de principios de siglo, Antonio Barrios, el "Polinario", propietario de una taberna en la calle Real. lan Gibson relata la importancia de la taberna y la figura de Antonio Barrios en su libro En Granada, su Granada... (Barcelona: Plaza & Janés, 1989 pp. 98-99):

Desde fines del siglo XIX hasta los años 20, la taberna fue predilecto lugar de encuentro de los artistas granadinos y, a su paso por la ciudad, de escritores, músicos y pintores tanto nacionales como extranjeros, los cuales solían dejar con el generoso propietario algún recuerdo. El "Polinario", Don Antonio -que era así como todos se dirigían a él con el mayor respeto- era, además de tabernero, una institución en la Granada de aquellos años y una personalidad de extraordinaria riqueza cuya principal vocación artística, fue la pintura llegando a colgar sus cuadros junto con los de Romero de Torres, Rusiñol o López Mezquita. El comercio que regentaba -mucho más amplio que una simple taberna- era en realidad la tapadera de un verdadero ateneo en el que se daba cita lo más granado de la intelectualidad local y los más distinguidos transeuntes.
Lo más sorprendente de la formación musical de Ángel Barrios es que en ella concurrieron el aprendizaje de la música popular -guitarra y flamenco fundamentalmente- realizado en el ámbito familiar y tabernario por tradición oral, por una parte, y la mejor formación académica que podía tener un músico español de su tiempo, por otra parte. Dentro de la vertiente académica de esta formación musical, Barrios estudió violín y composición destacando en este campo los estudios que realizó en Granada con Antonio Segura Mesa (1842-1916) maestro también de piano de García Lorca y de composición del famoso zarzuelista Francisco Alonso, que posteriormente ampliará en el conservatorio de Madrid con Conrado del Campo (1878-1953), profesor de casi todos los músicos de la Generación de 27.


Al comenzar el siglo, Barrios organiza el Trío Iberia formado por guitarra, bandurria y laúd con el que realiza una intensa actividad concertística por España y por Europa. Aprovechando sus periódicas salidas de España, Barrios amplía sus estudios con André Gédalge (1856-1925), uno de los maestros de composición más destacados del conservatorio de París y, durante sus continuas estancias en la capital francesa, conoce a personalidades importantes del panorama musical entre los que destacan Dukas y Ravel, así como Isaac Albéniz, Enrique Granados, Joaquín Turina a quien ya había conocido en Madrid, Manuel de Falla, Ricardo Viñes y Enrique Fernández Arbós.
En 1910 Barrios contrae matrimonio con Encarnación Pavía Ganivet e interrumpe su vida concertística para establecerse en Granada y concentrarse más en la composición ganando ese mismo año un premio del Centro Artístico y Literario de Granada por sus Guajiras para piano. Comienza en esta época una provechosa relación personal y profesional con Conrado del Campo que determinó el estreno de tres obras líricas en colaboración: La Romería, zarzuela en dos actos estrenada en el Circo Price de Madrid el 8 de septiembre de 1917; El Avapiés, ópera en tres actos con libreto de Tomás Borrás estrenada en el Teatro Real de Madrid el 18 de marzo de 1919; y El hombre más guapo del mundo, zarzuela en tres actos con libreto también de Borrás estrenada en el Teatro Centro de Madrid el 7 de mayo de 1920. Pero, independientemente de Conrado del Campo, Barrios componía también música lírica y sinfónica como sus poemas sinfónicos Una copla en la fuente del Avellano de 1915 y Zambra en el Albaicín estrenado por la Orquesta Sinfónica de Madrid, dirigida por Fernández Arbós, el 21 de mayo de 1917.


La Granada de Ángel Barrios, es la misma que la de Federico García Lorca con sus dos ríos, ochenta campanarios, cuatro mil acequias, cincuenta fuentes, mil y un surtidores y -en una exageración del poeta- cien mil habitantes. Y el poeta dijo que esta Granada tenía dos paseos para cantar, el Salón y la Alhambra, y uno para llorar, la Alameda de los Tristes "verdadero vértice de todo el romanticismo europeo".


Granada, que en el siglo XIX había sido vértice del romanticismo, se convirtió en el período de entre-guerras en uno de los centros más importantes de la cultura española. Antonina Rodrigo en su libro Memoria de Granada (Barcelona: Plaza & Janés, 1984, p. 77) señala el año de 1915 como el de la eclosión cultura¡ de Granada y subraya la importancia de la tertulia "El Rinconcillo" en la que se integraba, junto con el propio Ángel Barrios, lo mejor del grupo literario-artístico de los años veinte granadinos: Melchor Fernández Almagro, Francisco Soriano Lapresa, Antonio Gallego Burín, José Mora y Guarnido, Miguel Pizarro, Constantino Ruiz Carnero, Manuel Ángeles Ortiz, Federico y Francisco García Lorca, Ismael González de la Serna, Antonio López Sancho, Juan Cristóbal, Manuel y José Fernández Montesinos. Además de los miembros de la tertulia, en 1920, se incorporaron a la activa intelectualidad granadina Manuel de Falla y Daniel Vázquez Díaz, también estaría Hermenegildo Lanz y multitud de transeuntes atraídos por los miembros más destacados de este grupo así como por la belleza histórica y monumental de la ciudad de Granada.
Es un hecho muy significativo que la primera obra que saca a la luz Manuel de Falla durante su primera estancia en Granada con Ángel Barrios (magnifico guitarrista), es el Homenaje a Debussy, su única composición para guitarra y la obra que revolucionó la historia de este instrumento.
En cualquier caso, Ángel Barrios tenía absolutamente separado en su existencia lo que era el ejercicio profesional de la composición de lo que era la práctica popular de la guitarra. Por ello, nunca se le ocurrió escribir las improvisaciones para guitarra que tanta fama le habían dado entre el círculo de intelectuales en el que se movía. La guitarra, entonces, después del Homenaje a Debussy de Falla estaba experimentando un fuerte desarrollo, debido principalmente a la actividad de Andrés Segovia y Regino Sáinz de la Maza. Los músicos de la Generación del 27 estaban acostumbrándose a escribir para guitarra y, algunos de ellos lo empezaban a hacer asiduamente. Barrios, sin embargo, permaneció completamente al margen de este movimiento y a pesar de ello, su fama como guitarrista continuaba extendiéndose.

Con la Guerra Civil, todo el florecimiento cultural de Granada se desintegra, la música española pierde su norte y entramos en una época de indefinición estética y eclecticismo muy pronunciado. Barrios traslada su residencia a Madrid y completa la composición de su zarzuela en dos actos La Lola se va a los puertos, la obra que más fama le dio y con la que obtuvo en 1951 el Premio Nacional de Obras Líricas.

A finales de los años cincuenta, Ángel Barrios pierde la vista y es sólo entonces cuando dedica algún esfuerzo a la composición de música para guitarra. Todas las obras para guitarra de Barrios se completaron en estos últimos años de su vida y fueron dictadas a su discípulo y amigo el también guitarrista José Corrales para ser publicadas en la editorial Ediciones Musicales Madrid.
Ángel Barrios falleció en Madrid el 17 de noviembre de 1964 y, el 12 de marzo de 1966.
En la época en la que Ángel Barrios se decidió a escribir para su instrumento, la guitarra estaba ya perfectamente integrada en el ámbito académico musical. Era un instrumento que, sin haberlo pedido, había sido "redimido" y "elevado" a las más grandes salas de conciertos en las que actuaba con acompañamientos de orquestas formidables y realizaba virtuosismos extremados. Lo que Barrios propone en páginas de rica imaginación y frescura, es una música más sencilla, tal y como él entendía la guitarra: como un instrumento de salón. Ahora que la guitarra se ha convertido en un instrumento de concierto, lo que hay que hacer es reivindicar su dimensión como instrumento de salón. La guitarra es el más hermoso instrumento de salón y es en este espacio en el que la música de Barrios adquiere un sentido más claro. Quizás sólo un compositor de su tiempo rivaliza con Ángel Barrios en este tipo de repertorio: me refiero al otro Barrios, Agustín Barrios, el virtuoso paraguayo. Es cierto que, en ocasiones, en las obras de nuestro Barrios se puede echar de menos cierta elaboración formal, pero también es cierto que, en la mayoría de los casos es una música cuyos más altos valores son la frescura, la sencillez formal, el metodismo desbordante y la sinceridad en su inspiración popular. Porque Barrios era un verdadero guitarrista popular español y sólo en sus últimos años quiso dejar constancia escrita de ello.
(extracto de la Biografía realizada por Javier Suárez-Pajares )

 

 

 
 
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